El Belén de mi amigo

José María Serrano

El Belén de mi amigo

Hace tiempo yo tenía un amigo.
Eran años de pobres Navidades,
cuando los Reyes Magos
portaban pocas cosas en sus alforjas
y los niños jugábamos
con juguetes de lata o de madera.

En las calles no había
adornos luminosos,
ni en las ventanas árboles
con chispeantes bombillas de colores.

Papá Noel aún no había aprendido
el camino que iba a nuestras casas,
pero los Reyes sí;
llegaban puntualmente
en una noche mágica
cargada de ilusiones.

En casa de mi amigo
ponían un belén por Navidad,
qué alegres los pastores,
qué graciosas ovejas,
que panzuda la vaca
y que tranquilo el buey.

Con un pedazo de brillante espejo
simulamos el río;
junto a él colocamos
la mujer lavandera,
que, por cierto, tenía
mal pegada una pierna.

Aquella misma tarde
el padre de mi amigo,
admirando la obra,
nos dijo sonriendo:
«Faltan unos detalles».
un pequeño envoltorio.
Al ver el contenido
brillaron nuestros ojos.
Era una estrella nueva y reluciente
y una maravillosa chimenea.

¡Ambas cosas podían encenderse!
Sobre el portal la estrella relucía
con luz blanca e intensa,
y en el pesebre irradiaba destellos
la roja chimenea.
No cabía más júbilo y más gozo
en nuestros corazones,
iba a ser una nueva
y feliz Navidad.

El niño pequeñín
del belén de mi amigo
ya no tendría nunca tanto frío.

José Mª. Serrano.