José María Serrano
Hojas que el Viento me dejó
PRÓLOGO
No es fácil prologar un libro de José María Serrano cuando se ha conocido toda su larga y variada trayectoria de escritor, se le han presentado varios libros y se ha constatado su capacidad fabuladora de la que hablaré, porque este es un libro de cuentos y el cuento es el paradigma de la fabulación. Tampoco es fácil ser aséptico ni crítico en exceso cuando se prologa a un amigo, porque los afectos suavizan las palabras; no es un prólogo a un libro primerizo, donde se impone dar ánimos y buenos augurios a un novel; mi gran dificultad en este caso es que José María me ha encargado un prólogo de cierre, pues -me dice- va a ser éste su último libro (aunque yo se que tiene unas cuantas cosas más en sus cajones y carpetas). Y mi deseo es que siguiera escribiendo.
Hojas que el viento me dejó es un bonito libro de cuentos para adultos, no porque tengan los relatos un contenido marcadamente inconveniente, sino porque el ácido y enigmático humor inglés, que tan bien domina José María tras su larga y provechosa estancia en la Gran Bretaña, no es apto para menores, a quienes suelen ir dirigidos los cuentos. Si bien la historia de la literatura nos muestra que algunos de los grandes autores cultivaron también con éxito este género del cuento. Así Chaucer, Irving, Hoffman, Allan Poe o Chesterton, entre otros. Algunos de los que escribe Serrano, bien podrían alinearse con los de estos escritores tan consagrados. No me duelen prendas en afirmarlo.
José María es un artesano de la escritura. Capta chispazos de la vida real con su imaginación, añade inventiva, trabaja la idea y se explaya poniéndola negro sobre blanco. Buscando expresarse en un lenguaje preciso, austero y ajustado, aunque a veces no se resiste a la floritura.
Conocí esa capacidad fabuladora de que hablaba en un par de ocasiones que voy a contar. Una mañana, tomando un café en una callejuela de Vilnius, una joven se puso a tocar el acordeón frente a nosotros. A José María le vino al instante la imagen para montar un precioso cuento de varias páginas, cuento que, por cierto, no he visto incluido en el libro. La acordeonista de Vilna, se titulaba. Como tampoco he visto otro que le inspiró otra joven llamada Regli, una chica de Chiclana, que preparaba con gran delicadeza los postres en un hotel gaditano. Aficionado al chocolate, al dulce y a las cremas pasteleras como es José María, debieron impresionarle las frutas rebozadas con las que Regli le obsequiaba tras cada comida: Crema chiclanera, otro cuento encantador que, por cierto, José María envío dedicado a la muchacha al regreso de aquel viaje.
Aquí tiene, pues, el lector, esos 47 relatos que componen las hojas que el viento ha ido dejando en la imaginación y en la pluma de José María. Impresiones, reflexiones, experiencias, recuerdos, humor… Aunque nunca le faltó el soplo, el ánimo y el apoyo de Toña, su esposa y agente, su otra mitad en todo.
Que lo disfruten.
José Luis de Arce,
de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro
