La Condesa Campera

José María Serrano

La Condesa Campera

Usando un tocón por mesa
y un buen tronco como silla
se dispone la condesa
a comerse una morcilla.

¡Qué dulce aroma produce
la femera del vecino!
Cómo su olor le seduce,
¡bendito sea su sino!

Un mosquito picotea
su frente con frenesí,
siempre su pupila vea
las hormigas que hay allí.

Cuánto le gusta observar
ese negro escarabajo
que su bola hace rodar
cuesta arriba y cuesta abajo.

José Mª. Serrano.